 |
Tema X. El valor del
sufrimiento |
LA FAMILIA FORMADORA EN LOS VALORES HUMANOS Y CRISTIANOS
SUBSIDIOS FORMATIVOS DE PREPARACIÓN
TEMA X. EL VALOR DEL
SUFRIMIENTO: Dolor, perdón y reconciliación,
sacrificio.
Objetivos: · Descubrir el valor del sufrimiento
unido al misterio del sufrimiento de Cristo. · Superar la simple resignación
o la visión negativa del sufrimiento para aprender a crecer cuando el
sufrimiento se presenta en la vida.
1. Oración Padre de bondad,
mitiga el dolor de nuestro corazón cuando este misterio visita nuestra familia,
no permitas que nos apartemos de ti en los momentos difíciles, para que
encontremos sabiduría y verdad en el dolor. Enséñanos a acompañar a nuestros
hermanos que sufren. Danos fuerza para poder entender tu plan de amor y modela
nuestro corazón para encontrar el verdadero sentido del dolor y del sacrificio
con el que nos invitas a unirnos a Ti que vives y reinas por los siglos de los
siglos. Amén.
2. Lectura bíblica “Aconteció que acercándose
Jesús a Jericó, un ciego estaba sentado junto al camino mendigando; y al oír a
la multitud que pasaba, preguntó qué era aquello. Y le dijeron que pasaba Jesús
nazareno. Entonces dio voces, diciendo: ¡Jesús, Hijo de David, ten misericordia
de mí! Y los que iban delante le reprendían para que se callase; pero él clamaba
mucho más: ¡Hijo de David, ten misericordia de mí! Jesús entonces, deteniéndose,
mandó traerle a su presencia; y cuando llegó, le preguntó, diciendo: ¿Qué
quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que reciba la vista. Jesús le dijo:
Recíbela, tu fe te ha salvado. Y luego vio, y le seguía, glorificando a Dios.”
(Lucas 18, 35-43).
3. Desarrollo del tema No hay ningún hombre
que no sufra. El dolor lo compartimos con los animales, pero sufrir implica un
estado espiritual de pena por algo que nos pasa. Para entender que el
sufrimiento tenga algún valor, es necesario encontrarle un sentido, pues el
sufrimiento en sí mismo es un mal. Para sacar un valor del sufrimiento es
necesario esforzarse en alcanzar toda la riqueza de nuestra humanidad. Las penas
nos ayudan a ver lo que hay en los corazones de quienes nos rodean. El
sufrimiento nos hace reconocernos criaturas pobres y necesitadas de la
misericordia de nuestro Creador, el cual nos envía a Su Hijo a acompañarnos en
el sufrimiento. Jesús nos enseña que el sufrimiento es parte del ser humano y
que el sufrimiento unido a Él abre las puertas del Cielo para uno mismo y para
quienes lo ofrecemos. Dios no es un dios azteca que se alimenta con la sangre de
su pueblo, pero cuando hay un sacrificio ofrecido, Él lo recoge y lo hace dar
frutos de redención que aprovechan para toda la Iglesia y el mundo. Nuestro
sufrimiento vivido con el amor de caridad hace más santo nuestro
mundo.
Mucha gente se aleja de Dios ante el sufrimiento y no le ve el
valor porque cree que Dios no es bueno al permitir los sufrimientos. Dios es
bueno y quiere nuestro bien. Él no envía el sufrimiento. Éste es consecuencia de
la fragilidad de la creación a causa del desorden del pecado. El dolor es un
misterio que va más allá de las catástrofes cósmicas, o de los males físicos.
Para nosotros como creyentes el mal tiene una dimensión sobrenatural que
sobrepasa la biología o la cosmología. La enfermedad y la muerte muchas veces no
son culpa de nadie en concreto, sino del desorden que mencionábamos, pero sólo
el vivirlo con amor repara esta experiencia del mal, convirtiéndola en un bien
mayor. Esto es un misterio, pero Dios habla en el sufrimiento, en la pérdida, al
corazón del hombre y lo acerca a identificarse con su Hijo amado.
El
sufrimiento es permitido por Dios para purificarnos, para probar nuestra
capacidad de amar, como la poda que hace al árbol más sano y vigoroso.
Recordemos que Dios es Padre y nos dará la fuerza para todo lo que nos pida.
Vivir el sufrimiento con Cristo no quita el dolor físico y moral, pero quita la
angustia y la desesperación y sobreviene la paz como don de Dios al
alma.
Otro elemento es el mal moral por las ofensas que nos hacemos los
seres humanos. Esta dimensión del dolor necesita del perdón para sanarse. Dios
nos enseña a vencer el mal con el bien. El amor de Dios, el perdón, repara el
mal y permite que nada nos aleje de Él, porque unidos a Él crecemos si nos
unimos al valor redentor de la Cruz. Vivir el perdón a nuestros enemigos, nos
permite seguir caminando. No siempre será posible la reconciliación pues a veces
las condiciones no son adecuadas. Por parte nuestra siempre debemos trabajar
para ofrecer el perdón, no tanto porque sintamos el deseo, sino porque nos
sostiene el ejemplo de perdón de Dios para con cada uno de
nosotros.
4. Caso o hecho de vida En una ocasión se presentó en
mi vida un momento muy difícil. Mi padre fue privado de la vida al ser asaltado
en su negocio. Al transcurrir el tiempo mucha gente no comprendía cómo yo había
podido perdonar al agresor de mi padre y todo transcurrió así: Cuando sucedió
este acontecimiento me distancié de Dios, pero Él, en su misericordia me hizo
comprender que fue el libre albedrío del hombre la causa de que esto hubiera
sucedido. Después comprendí que con mi alejamiento de Dios no podía vivir feliz,
que sólo su gracia divina podría ayudarme a perdonar, así que le pedí que me
ayudara y me dejé guiar como un niño que confía en su padre, a través de ese
amor perdoné, al grado que comencé por no juzgar al agresor. En primer lugar me
hizo comprender cuando María perdonó a quienes le arrancaron a su hijo y como
Jesús también fue agredido, asesinado y aún así nos perdonó. Jesús me hizo
comprender que cuando hay arrepentimiento verdadero, hayas hecho lo que hayas
hecho, puedes ser perdonado y gozar de la vida eterna como cuando perdonó al
llamado buen ladrón por su arrepentimiento. Después me vino a la mente San
Pablo, uno de sus apóstoles el cual, siendo perseguidor de cristianos, cuando
conoce a Jesús su vida se transforma. Si Él es así de misericordioso, quién soy
yo para no perdonar, ¿acaso soy yo más que Dios?, tenía que perdonar para poder
gozar de paz en mi corazón y en mi alma. Ahora le doy gracias a Dios porque
toda esta sabiduría viene de Él, y reconozco que solamente su fuerza divina pudo
salvarme de la amargura, del dolor y del rencor. A pesar del orgullo que una vez
sentí, pensando que yo podía sola con mi dolor, pero fue Él, que con su gracia
llenó mi corazón de amor, haciendo que me abandonara y confiara en Él. Ahora he
perdonado al agresor y soy capaz de decirle: “no me debes nada, sola
ama”.
5. Reflexión y diálogo · ¿Acepto con confianza en Dios el
dolor en mi vida y en la de los míos? ¿o me rebelo ante Dios pensando que no le
importa mi vida y me alejo de Él? · ¿Creo en el valor de la oración que con
la ayuda de Dios encontraré el camino a seguir en medio de las
dificultades? · ¿Ofrezco mi dolor a Dios; por mis faltas, por la salvación de
las almas, por las intenciones de la Iglesia y del Papa? ¿Creo en el valor
redentor del sufrimiento? · ¿Veo en las personas que sufren el rostro de
Cristo doliente y abandonado? ¿Busco acercarme y brindarles mi apoyo y
ayuda? · ¿Creo que debo de perdonar a quien me lastima porque Jesús me ha
perdonado primero? ¿Soy capaz de perdonar aunque no sea correspondido? · ¿Soy
capaz de perdonarme a mi mismo?
6. Textos de apoyo “…Cristo se
acercó sobre todo al mundo del sufrimiento humano por el hecho de haber asumido
este sufrimiento en sí mismo. Durante su actividad pública probó no sólo la
fatiga, la falta de una casa, la incomprensión incluso por parte de los más
cercanos; pero sobre todo fue rodeado cada vez más herméticamente por un círculo
de hostilidad y se hicieron cada vez más palpables los preparativos para
quitarlo de entre los vivos. Cristo era consciente de esto y muchas veces
hablaba a sus discípulos de los sufrimientos y de la muerte que le esperaban…
35) Cristo va hacia su pasión y muerte con toda la conciencia de la misión que
ha de realizar de este modo. Precisamente por medio de este sufrimiento suyo
hace posible «que el hombre no muera, sino que tenga la vida eterna».
Precisamente por medio de su cruz debe tocar las raíces del mal, plantadas en la
historia del hombre y en las almas humanas. Precisamente por medio de su cruz
debe cumplir la obra de la salvación. Esta obra, en el designio del amor eterno,
tiene un carácter redentor.” (Juan Pablo II, Carta Apostólica Salvifici Doloris,
1984).
“… la Jornada Mundial del Enfermo, ocasión propicia para
reflexionar en torno al sentido del dolor cristiano y sobre el deber cristiano
de ocuparnos de él bajo cualquier situación que se presente. Dicha significativa
celebración está relacionada este año con dos acontecimientos importantes para
la vida de la Iglesia, como lo manifiesta claramente el tema escogido «La
Eucaristía, Lourdes y el cuidado pastoral de los enfermos»: el 150° aniversario
de las apariciones de la Inmaculada en Lourdes. De este modo, se brinda una
oportunidad especial para considerar la estrecha relación que existe entre el
Misterio eucarístico, el papel de María en el proyecto salvífico y la realidad
del dolor y del sufrimiento humano.” (Benedicto XVI, Mensaje para la XVI Jornada
mundial del enfermo, 2008).
7. Síntesis conclusiva · El
sufrimiento es un misterio que el hombre no comprende a fondo con su
inteligencia. Sólo a la luz de Cristo se ilumina este misterio. · Desde que
Cristo asumió el dolor en todas sus facetas, el sufrimiento tiene valor
salvífico y redentor, si se ofrece con amor. · Dios no envía el sufrimiento
lo permite en el misterioso designio de su providencia sobre nosotros. ·
Cuando las situaciones dolorosas se viven en familia con sentido cristiano, es
decir, unidas a los sufrimientos de Cristo, se convierten en fuente de
vida. · Cuando nos hacemos solidarios con el dolor de los demás, a Cristo se
lo hacemos. · El perdón y la reconciliación engrandecen a las
personas.
8. Compromiso · Formar en nuestros hijos el sentido
sobrenatural de la vida ante el misterio de la muerte y la resurrección. ·
Integrar a los enfermos en la vida de la familia cuidando y ofreciendo las
atenciones que requieran. Visitar a otros enfermos cercanos, amigos, conocidos,
etc., procurando ayudarles en sus necesidades. · Actuar con testimonio
cristiano ante las ofensas recibidas.
9. Oración final Señor,
mirando nuestra familia y cada uno de sus miembros, su fragilidad humana,
sabemos que no podremos librarnos de la experiencia del dolor, pero podemos
darle un sentido cristiano a partir de tu Hijo Jesucristo. Aunque nuestra
debilidad sea grande, Tú nos fortaleces. Gracias Señor, porque nos permites
unirnos a la Cruz de tu Hijo, nuestro Señor Jesucristo para completar con
nuestros sufrimiento Su Santa Pasión. Por Cristo nuestro Señor.
Amén.
10. Glosario · Redentor: Que redime. Librar de una
obligación o extinguirla. · Mediación: Acción y efecto de mediar. Interceder
o rogar por alguien. · Misterio: En la religión cristiana, cosa inaccesible a
la razón y que debe ser objeto de fe.
11. Bibliografía · Juan
Pablo II. Carta Apostólica Salvifici Doloris, (Sobre el sentido cristiano del
sufrimiento humano). 1984. · Juan Pablo II. Mensajes a los enfermos, 4ª
visita a México. 1999. · Benedicto XVI. Carta Encíclica Spe Salvi, (Sobre la
esperanza cristiana). 2007. · Catecismo de la Iglesia Católica ·
Larrañaga, Ignacio. Del sufrimiento a la paz. Editorial Alba.
Página
oficial del VI
Encuentro mundial de las familias México
|
|
No hay comentarios:
Publicar un comentario